En un nuevo capítulo de inestabilidad dentro del Gobierno municipal, Ganar Alcorcón anunciaba este pasado lunes el cese de la concejala Raquel Rodríguez, a quien acusan de haber actuado de forma “desleal” con su propio grupo político y con el Ejecutivo local.
La decisión, según la formación, se tomó tras constatar una serie de maniobras que describen como una “línea roja que no podemos traspasar”.
El comunicado, publicado en las redes sociales de Ganar Alcorcón, revela tensiones internas que venían fraguándose desde hace meses, especialmente tras el fallecimiento del anterior líder del partido, Jesús Santos.
Según relatan, Rodríguez rechazó integrarse en la nueva estructura orgánica aprobada por la asamblea, apostando por mantener un control unipersonal del grupo.
“Quería conservar un modelo donde fuera ella quien asumiera todas las responsabilidades de la dirección”, lamentan desde la formación, calificando esta postura como incompatible con la nueva etapa “coral” que pretendían impulsar.
Lejos de aceptar el debate interno, Rodríguez “decidió desmarcarse del debate colectivo y rechazar los acuerdos alcanzados por la asamblea, tachándola de ilegítima”.
Pero el verdadero punto de ruptura se habría producido recientemente, al conocerse su intento de “autoproponerse presidenta de ESMASA, convocando un consejo de administración unilateralmente y sin contar con el apoyo de la coalición”.
Esta decisión, que afectaría directamente a la empresa pública y al equilibrio de poder en el Gobierno local, ha sido interpretada por sus compañeros como una jugada puramente personalista.
Desde Ganar Alcorcón aseguran que “en las últimas semanas hemos visto cómo esa intención de mantener puentes se ha visto dinamitada”, denunciando incluso que la concejala llegó a “romper la unidad de la izquierda pactando y apoyando propuestas de la oposición”.
El grupo concluye su mensaje con un tono entre el lamento y la firmeza:
“Lo hacemos desde la tristeza y la resignación, pero con la responsabilidad que requiere el momento”, afirmando que el objetivo es salvaguardar “el bienestar de Alcorcón y el compromiso que hemos adquirido con nuestros vecinos y vecinas”.
Lo que queda claro es que la ruptura no solo evidencia una profunda división interna, sino que deja al Gobierno local en una posición de debilidad y falta de cohesión más que preocupante.
